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Entrevista a Ian Gibson



La Ley de Memoria Histórica sólo es justicia y conocimiento

Alberto Piquero/ El Correo Digital | 16 dic 06

El hispanista irlandés nacionalizado español presentó en Oviedo su último libro, 'Ligero de equipaje', en el que profundiza sobre la vida y obra de Antonio Machado

Fue quien enseñó a los jóvenes españoles de los primeros años 70 del pasado siglo a redescubrir al autor del 'Romancero gitano', bien que todavía fuera de tapadillo y trayendo su primera obra, 'La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca', desde una legendaria editorial en el exilio, la parisina Ruedo Ibérico. La censura gobernaba España. Después, se interesó por Dalí. Y también se aproximó a la orilla insurgente con obras como 'En busca de José Antonio' o 'La noche que mataron a Calvo Sotelo'. Ian Gibson (Dublín, 1939) es uno de los hispanistas más prestigiosos, a lo que añade haberse nacionalizado español en 1984, aunque ya vivía entre nosotros desde 1978. Actualmente, reside en Madrid. Y el último de sus ensayos, que ayer presentó en Oviedo, 'Ligero de equipaje', nos lleva esta vez por los itinerarios biográficos y poéticos de Antonio Machado.

-Para quien tanto ha contribuido a recuperar la memoria histórica de los españoles, ¿qué opinión le merece la Ley que estos días se debate en torno a la misma?

-Me parece muy bien. Tras la larguísima dictadura y una transición pactada, es justa la reparación. Yo no veo que eso suponga ninguna forma de guerracivilismo, sino sed de justicia inmensa. Si tuviera un abuelo tirado en una cuneta ignorada, como un perro apagado -por decirlo con palabras de Lorca-, yo también lo buscaría. La derecha ha dispuesto de cuarenta años para desenterrar a los suyos y, si fuera magnánima con los demás, ganaría admiración y respeto de todos. Tras treinta años de democracia, ya se puede afrontar, para no seguir siendo -como han dicho algunos historiadores, aunque yo no lo comparta- el país más desmemoriado de Europa. Son los nietos de aquellos hombres los que hoy piden saber. Es una cuestión de justicia y conocimiento, sin atisbo de revanchas.

-¿Qué fue lo peor de la guerra civil?

-No soy historiador de la guerra civil, aunque es algo que me afecta y sobre lo que pienso cada día. Lo peor fueron los fusilamientos posteriores al final de la guerra, que según algunos especialistas pudieron ser 50.000. Eso es un baldón. Paul Preston está preparando un libro al respecto.

-¿Y cuál es su consideración acerca de la oposición de los herederos de García Lorca a que se exhumen sus restos?

-No lo entiendo. Han hecho una piña los seis herederos, sin que haya una voz discrepante. Entienden que Lorca es su propiedad, pero a mí me duele como historiador que por Granada circulen mil bulos. Han llegado a decirme que estaba enterrado en la cripta de la catedral de Granada, lo que es absolutamente imposible. Sería útil para todos certificar dónde se encuentra, lo que resultaría fácil escaneando el terreno. Pero hay un silencio ruidoso en ese entorno.

-De poeta en poeta, ¿qué nuevas aportaciones trae sobre Antonio Machado con 'Ligero de equipaje'?

-No hay descubrimientos, claro. Sólo he profundizado, con muchísima documentación. Echo de menos que en España no haya tradición biográfica, lo que deja al país un poco cojo. Como anécdota, he localizado la fuente de la Moncloa en la que se veía con su amante, Pilar de Valderrama, que se creía que había desaparecido. E introduzco gran cantidad de poemas suyos y de autores como Paul Verlaine, pues Machado no se entendería sin el simbolismo francés.

-¿Ha logrado entender por qué Antonio fue tan diferente de su hermano a raíz de la guerra?

-Le dedico muchas páginas a eso. Se querían mucho y ambos eran poetas. Manuel está en Burgos cuando estalla la guerra, en compañía de su mujer que iba a visitar a una hermana que había tomado los hábitos de monja. Y allí lo encarcelan. Al salir de la cárcel, por intercesión de la Iglesia a través de su cuñada monja, se le había puesto el pelo blanco. Y comienza a escribir los sonetos a Franco. Antonio, que se había desplazado de Madrid a Valencia, al saber que Manuel escribe en el ABC de Sevilla y que pronuncia en la radio poemas elogiosos a la risa de Franco, no sabe si es que le obligan con una pistola al cuello o si ha cambiado de postura, pues hasta entonces había sido republicano. Puede verse el símbolo de la España dividida. Lo cierto es que esos acontecimientos precipitarían la muerte de Antonio.

-¿Su próximo trabajo?

-Sobre Buñuel.


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