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XXX Aniversario Legalización del PCE



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VV.AA | 08 abr 07


Secretaría de Comunicación del PCE / 07 abr 07

REPORTAJE: 30 años de la legalización del PCE
¿El PCE no es un ordenador personal?
El Partido Comunista de España celebra el 30º aniversario de su legalización con un perfil desdibujado. LOLA GALÁN -
El Pais.Madrid - 08/04/2007

Es posible imaginar la escena. Una manifestación no demasiado numerosa, en la que alguien exhibe una bandera roja con la hoz y el martillo, ante el asombro de los policías que vigilan. "Anda, ¿pero todavía existe el PCE?", se pregunta uno de ellos. La anécdota, y otras similares, la cuenta Felipe Alcaraz, histórico dirigente andaluz, presidente del comité federal del Partido Comunista de España. "Nos pasó también con dos ujieres del Congreso, cuando presentamos el nuevo formato de Mundo Obrero [órgano oficial del PCE], hará más o menos un año. No sabían que seguía saliendo". Y es que el nombre del partido, las siglas PCE, parecen más ligadas al pasado, a la primera mitad de la transición, que al presente.

Un acto decisivo en el salto a la democracia
Izquierda Unida, criatura del propio PCE, parece haber devorado al 'padre'.Según Alcaraz, la culpa es del XIII Congreso, que se celebró en 1991. "Quizás porque teníamos el complejo de la caída del muro, en ese congreso se decidió trasladar todos los efectivos del partido a Izquierda Unida. Pero claro, era debilitar al río principal para dar caudal a los afluentes. A partir del XVII Congreso, de hace dos años, se siguió la lógica contraria. Para fortalecer IU hay que fortalecer primero el PCE". Y en eso están.

Pero ni a Alcaraz ni a muchos históricos del partido se les escapa la amarga paradoja que encierran las anécdotas de policías y ujieres. Izquierda Unida, creada por el propio PCE en 1986, que la nutrió de fondos, de cargos y de militantes, parece haber devorado definitivamente al padre. Sólo así se explica que al cumplirse el 30º aniversario de la legalización del partido, el 9 de abril de 1977, el PCE sea apenas una sombra, un partido anónimo. Hasta el punto de que el propio Alcaraz reclame la necesidad de una nueva legalización, de una salida de esta clandestinidad impuesta por la estrategia política. "Es verdad. Si le hablas del PCE a un joven, enseguida piensa en el ordenador personal y no en el partido comunista", admite Nicolás Sartorius, dirigente histórico, que dejó IU en diciembre de 1994, y hoy es vicepresidente de la Fundación Alternativas. Sartorius, que se siente orgulloso del papel histórico que desempeñó el partido, lo da prácticamente por liquidado. "Cumplió una función importantísima. Fue el motor de la lucha antifranquista, y se consumió en esa lucha. Luego, sufrió también en el imaginario colectivo el desprestigio del derrumbamiento de la URSS. Pero ha sido capaz de dar vida a Izquierda Unida, que ahí está".

Todo el mundo sabe que la fuerza motriz de IU sigue siendo el PCE. Que los dirigentes de las principales federaciones (Andalucía, Madrid, Asturias, Cataluña y Comunidad Valencia) son comunistas, como comunistas son los principales cargos electos de IU, que, pese a la constante pérdida de votos desde 1999, ha alcanzado en los últimos años sus mayores cotas de poder. Gobierna en coalición con el PSOE en Asturias y Aragón, está presente en el Gobierno de Cataluña y en el del País Vasco. En diciembre de 2004, Izquierda Unida controlaba aún 163 alcaldías y participaba en el gobierno de otros 123 municipios, entre ellos Barcelona, Sevilla, Bilbao, Gijón, Fuenlabrada, Leganés y Getafe, con un total de 1.800 concejales en todo el país. No es poco para una organización con 70.000 militantes, de los cuales, la inmensa mayoría son miembros del PCE. Para muchos, el poder ha tenido un coste exagerado. Pero la dirección tiene claro el camino a seguir.

Nada de esto era previsible aquel invierno de 1976, cuando Santiago Carrillo, todavía un fugitivo, convocaba rocambolescas conferencias de prensa en Madrid, a las que acudían decenas de periodistas españoles y extranjeros. Carrillo aprovechaba para lanzar al país su ideario de comunista domesticado, ya sin garras revolucionarias ni colmillos marxistas-leninistas. Y se mostraba dispuesto a aceptar la independencia de la Iglesia, la legitimidad de la Monarquía y la economía de libre mercado. Aun así, legalizar un partido que suscitaba enorme desconfianza en algunos sectores de la sociedad española, a los 38 años del final de la Guerra Civil, planteó no pocos problemas al Gobierno provisional de Adolfo Suárez. Al final, la cosa se resolvió con un cierto sesgo de película negra. Carrillo fue detenido el 22 de diciembre de ese año, en la confluencia de las calles Padre Jesús Ordóñez y López de Hoyos en Madrid, luciendo una peluca.

El líder del PCE y otros siete dirigentes pasaron unos días en la cárcel de Carabanchel, pero pudieron celebrar en libertad el fin de año de 1976, tras depositar una fianza global de millón y medio de pesetas. Fueron las últimas Navidades en la clandestinidad. Tres meses después, una resolución gubernamental legalizaba al partido al concluir: "no hay ilicitud penal en las actividades del PCE". La decisión se hizo pública el 9 de abril (su Sábado Rojo) de 1977.

Gaspar Llamazares, coordinador de IU, antiguo dirigente del PCA asturiano, cree que esa fecha es fundamental. "La legalización del PCE fue un indicador claro de que íbamos a una democracia de plenos derechos".

Carrillo, apoyado por los dirigentes eurocomunistas Enrico Berlinguer y George Marchais, que celebraron una cumbre en Madrid en vísperas de la legalización, dio garantías de lealtad a la Corona, tranquilizó a los poderes fácticos y económicos y suavizó con su dialéctica eurocomunista cualquier exceso ideológico. El PCE comenzó a utilizar la bandera roja y gualda en sus actos públicos, firmó los Pactos de la Moncloa y se dispuso a ser el representante principal de la izquierda en las inmediatas elecciones generales.

Los comicios de 1979 tuvieron resultados esperanzadores para el partido que, sin embargo, se hundió en las generales de 1982, que certificaron el triunfo aplastante de los socialistas de Felipe González. El PCE perdía un millón de apoyos, y pasaba de 21 escaños a sólo cinco, teniendo que integrarse en el Grupo Mixto.

El descalabro electoral marca el final de la etapa de Carrillo, que cede el cargo a un joven minero asturiano, Gerardo Iglesias. Un comunista oficialista que dará luz verde, en 1986, a Izquierda Unida, una coalición o federación de partidos y corrientes políticas con la que el PCE capitalizó las contradicciones del PSOE en torno a la entrada de España en la OTAN. Inicialmente, las siglas escondían poco más que PCE, pero poco a poco lograron aglutinar a republicanos, ecologistas y otros grupos.

Para entonces, la estrella de Gerardo Iglesias empezaba a declinar. Julio Anguita, personalísimo alcalde de Córdoba, le aventaja en apoyos populares dentro y fuera del PCE y de la federación, y el minero asturiano decide regresar a su tierra a finales de los ochenta. El califa de Córdoba toma las riendas del partido y de la coalición en 1990, decidido a llegar a La Moncloa. Sus diez años al frente de IU pasan por ser los más turbulentos de su historia. Bajo su liderazgo, IU consigue aún así excelentes resultados en 1996, con una durísima campaña contra el Gobierno de Felipe González. Es la política de la pinza con el PP para descabalgar al PSOE del poder, que Anguita ha negado siempre.

Algunos de sus colaboradores reconocen, sin embargo, que el error del político cordobés fue no comprender que la reacción de los votantes no podía ser la misma hacia un PSOE en el Gobierno que hacia un PSOE en la oposición.

La aproximación al PP para derrotar a los socialistas y convertir a IU en la principal alternativa de izquierda se saldó con una fuerte crisis interna en la coalición, que sufrió un duro revés electoral en marzo de 2000. Era la enésima guerra intestina, similar a las que habían desangrado al partido en los años ochenta. Francisco Frutos, sucesor de Anguita en la secretaría general del PCE, no logró mantener en sus manos la dirección de IU, conquistada por Gaspar Llamazares, el médico asturiano con un carné del PCE relativamente reciente. "Me apunté en el partido tras el golpe del 23-F", recuerda el todavía coordinador de IU.

Llamazares ha puesto en pie una política opuesta a la de Anguita, aunque con resultados electorales igualmente decepcionantes. Ha bendecido la independencia de las ramas vasca y catalana de IU y ha alcanzado pactos con los distintos bloques nacionalistas en Valencia y Baleares, con vistas a las elecciones municipales y autonómicas de mayo próximo. "En IU está el código genético del PCE. Pero también convergen en la federación, la tradición republicana, el ecologismo, y nuevas sensibilidades", dice Llamazares. Tras la experiencia de Anguita, que perdió la batalla contra el PSOE, el coordinador de IU ha hecho suya la máxima, "si no puedes vencer a tu enemigo (o a tu competidor), únete a él".

La precampaña ha puesto paz, al menos momentáneamente, en la atormentada federación. "Esta vez podemos tener resultados importantes. Lo que hace falta es que no se socialicen las pérdidas y se gasparicen los beneficios", bromea Alcaraz. El único problema es que la pacificación interna y esos esperados buenos resultados pueden tener un coste. Hundir un poco más en el anonimato al PCE.



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