cabecera
menu
Viernes, 21 de Julio de 2017
Inicio Qué es el Foro Atención al Público Contacto Enlaces Inicio inicio qué es el foro? Atención al Público Contacto Enlaces
Atrás

Legislación Internacional



"Negación y silencio" o "reconocimiento y revelación de la información"

Magriet Blaauw | Revista Internacional de la Cruz Roja diciembre de 2002 | 11 jun 03


"Uno debe recordar que es capaz de olvidar". [1]


El problema de las desapariciones afecta al mundo entero. En los últimos decenios, han conmocionado los relatos sobre la desaparición de decenas de miles de personas en Camboya, América Latina, Irak, Ruanda, ex Yugoslavia, Chechenia, etc. Además, hay muchos otros casos de desapariciones de los que nunca tendrá noticia la comunidad internacional. A pesar de que, probablemente, la solución más eficaz a este problema se halle en el plano nacional, la lucha contra las desapariciones también debería implicar un esfuerzo internacional. Exige solidaridad entre las personas y las organizaciones, y no debe conocer fronteras [2].

El Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura colabora con centros de rehabilitación en todo el mundo, a fin de promover y apoyar la rehabilitación de víctimas de la tortura y de sus familiares. La mayor parte de estos centros ofrecen apoyo a familiares de personas desaparecidas, ya que en tiempo de represión política grave se suelen practicar tanto las torturas y las ejecuciones arbitrarias como las desapariciones forzosas [3].

Las desapariciones forzosas afectan al individuo, a sus familiares y a toda la comunidad. Los problemas que deben afrontar los familiares de personas desaparecidas son complejos y pueden llegar a ser insuperables. Además de la incertidumbre acerca de la suerte que ha corrido su pariente desaparecido, las familias suelen tener que hacer frente a problemas económicos, sociales y jurídicos. Muchas personas han buscado en vano durante años a un allegado desaparecido. Conocemos a madres cuyos hijos han desaparecido y que, después de casi treinta años, aún siguen esperando la aparición de su hijo. Los familiares suelen resistirse a aceptar la muerte de un miembro desaparecido y, en muchos casos, sufren síntomas de duelo complicado, como imágenes intrusivas o crisis emocionales graves, o niegan los efectos de la pérdida. Como consecuencia, les suele resultar difícil efectuar las actividades habituales del trabajo y del hogar [4]. Es necesario que se revele oficialmente lo que ha acontecido a la persona desaparecida y que se reconozcan las consecuencias que las desapariciones implican para los familiares .

Las desapariciones forzosas están rodeadas de silencio y miedo. En una sociedad dominada por la violencia organizada, se suscita una grave desconfianza entre las personas [5]. A veces, los vecinos, compañeros de clase y otros miembros de la comunidad evitan el contacto con los familiares de personas desaparecidas. En el presente artículo, pasaremos revista a algunas de las dificultades con que pueden tropezar los familiares de personas desaparecidas, y las personas que les prestan apoyo. Describiremos cómo puede complicarse el proceso de duelo de los familiares si no se realiza una ceremonia culturalmente adecuada, para dar el último adiós a la persona desaparecida. Sin embargo, poco se sabe aún sistemáticamente acerca de cómo se deben tratar las consecuencias psicológicas en general de la violencia, los conflictos armados y las violaciones de los derechos humanos [6]. Reconocemos que deberían evaluarse mejor los efectos que probablemente tendría un número mayor de manifestaciones de duelo en la salud física y mental de los individuos y de la población en su conjunto [7].

Procesos de duelo y luto

Por duelo se entiende la pena, el sufrimiento y el desamparo emocional causados por la muerte o la pérdida de un ser querido. El término luto hace referencia al proceso de reacción ante la pérdida y la muerte, a las ceremonias, particulares en cada cultura, que se realizan cuando una persona muere en una comunidad [8]. El concepto abarca conmemoraciones, honras fúnebres, velatorios, vestimenta de luto, etc. Esos ritos son importantes cuando se organizan y definen las reacciones de duelo inmediatamente después de la muerte [9]. Una ceremonia culturalmente adecuada para dar el último adiós, que brinda la posibilidad de decir adiós y manifestar el cariño al difunto, normalmente surte un efecto positivo en el proceso de duelo. Ayudará a los deudos a aliviar sus posteriores sentimientos de ira y culpa [10].

"Se niega a las personas desaparecidas un lugar entre los vivos, así como un lugar entre los muertos" [11].

Las circunstancias pueden dificultar el proceso de duelo, en particular cuando un miembro de la familia está desaparecido. En ese caso, no se realizará una ceremonia para dar el último adiós, pues se desconoce lo que ha acontecido al ser querido. Con frecuencia, los familiares tienen que enfrentar los problemas económicos, jurídicos y sociales que puede traer aparejados una desaparición. Por ejemplo, muchas de las personas desaparecidas eran el sustento económico del hogar y, tras la desaparición, los familiares afrontan una pérdida del ingreso. Cuando no existe un reconocimiento oficial de la condición de personas desaparecidas, es posible que los familiares no reciban el apoyo que normalmente se presta en casos de fallecimiento. En algunas culturas, la ley prohíbe que las mujeres vuelvan a casarse hasta varios años después de la desaparición de sus maridos [12]. Además, puede ser difícil obtener asesoramiento jurídico. Algunas familias gastan el dinero de que disponen para obtener ese asesoramiento; pero, la mayor parte de ellas no pueden costearlo, no saben dónde y cómo conseguirlo o no se atreven a solicitarlo.

Duelo complicado

Ciertos rasgos particulares caracterizan a la persona en duelo. Por lo general, ésta experimenta sensaciones somáticas de angustia, siente un nudo en la garganta, dificultades para respirar, además de mucha tensión y fatiga. Asimismo, es muy común que tenga pensamientos con la imagen del pariente perdido y sentimientos muy intensos de culpa. Además, la persona en duelo a veces pierde calidez en las relaciones con los demás y experimenta sentimientos de hostilidad. El comportamiento de una persona en duelo profundo también muestra cambios considerables. Puede parecer hiperactiva e inquieta, pero al mismo tiempo es incapaz de iniciar o de mantener una actividad organizada. También es muy común que estas personas eviten situaciones que podrían recordarles a la persona que han perdido. La duración de estas reacciones de duelo depende de lo que la persona logra hacer a través del duelo. Esto incluye readaptaciones al entorno en que ha desaparecido el allegado y la creación de nuevas y sólidas relaciones [13]. El duelo patológico suele ser una experiencia muy intensa e incontrolada de sensaciones y comportamientos que son normales durante el duelo. Asimismo, en el caso de personas desaparecidas, puede impedir el luto o el curso del proceso de duelo [14]. En estudios recientes, se ha demostrado que el proceso de elaboración del duelo se vuelve particularmente difícil cuando las circunstancias de la muerte representan una amenaza para las concepciones de la persona en cuestión o cuando recibe escaso apoyo social [15].

Los familiares de personas desaparecidas experimentan el duelo de manera diferente de quienes lloran la muerte de seres queridos. Por lo general, en el caso de personas desaparecidas, no se realiza una adecuada ceremonia para dar el último adiós. Muchos profesionales de la salud mental han observado que si los familiares optan por aceptar la muerte de la persona desaparecida, sienten que la están "matando" [16]. O pueden tener fantasías de que su ser querido está viviendo en algún lugar lejano y que no vuelve a casa porque no le está permitido, o que está en prisión. Por ejemplo, durante la campaña de Anfal en Kurdistán (1987-1989), tuvieron lugar ejecuciones y desapariciones masivas de varias decenas de miles de no combatientes (incluidos niños y mujeres). En otros casos, se dio muerte a todos los habitantes de algunos poblados. La gente sabía de historias sobre pelotones de ejecución. Aún así, se mantenían ciertas esperanzas sobre la base de rumores según los cuales, nacionales kurdos estaban retenidos en centros secretos en el desierto para futuras negociaciones, y combatientes de la guerrilla kurdos eran sometidos a la esclavitud [17]. De todos modos, las esperanzas de los familiares de encontrar a sus seres queridos con vida no pueden ser consideradas totalmente irrealistas, porque muchos kurdos han encontrado asilo en otros países [18].

Las personas que no cuentan con la posibilidad de llorar a su ser querido fallecido pueden no ser capaces de realizar efectivamente el duelo y pueden sufrir la detención del proceso de duelo o reacciones atípicas [19]. La incredulidad continua acerca de la muerte de un ser querido impide a las personas iniciar el proceso de duelo normal e implica un riesgo elevado de duelo complicado. Se ha observado que los familiares de personas desaparecidas tienen más ansiedad y trastornos por estrés postraumático (TEPT) [20] que los familiares de personas fallecidas [21]. Pueden padecer insomnio, pensamientos con imágenes de los muertos, períodos imprevisibles de ira, ansiedad, culpa del sobreviviente, paralización de emociones y retraimiento respecto de los demás. Estos síntomas son típicos del duelo crónico e irresuelto, así como del TEPT [22].

Los criterios para diagnosticar un duelo complicado suelen ser insuficientes, y en el caso de pacientes que sufren de duelo complicado y prolongado se ha diagnosticado un trastorno depresivo. Existe el riesgo de que se subestime la frecuencia de problemas psicológicos derivados de la muerte o la desaparición de un ser querido y de que, por error, se diagnostique un trastorno depresivo en muchas personas que, en realidad, padecen un duelo complicado. El duelo complicado y prolongado debería ser claramente diferenciado en las clasificaciones de trastornos mentales [23].

Muchos familiares de personas desaparecidas tienen sentimientos de culpa, aunque en diferentes grados. Para superar ese sentimiento, deben poder expresarlo claramente. Por lo tanto, no es adecuado tratar de eliminarlo explicando a los familiares que no podrían haber hecho nada para ayudar a las víctimas. Es mejor reconocer los sentimientos de culpa y decir a los familiares que se trata de una reacción normal. De este modo se puede ayudar a que una persona deje de sentir que es totalmente incapaz de sobrellevar la situación y que, en cambio, tiene algún control sobre ella. También puede explicar por qué las personas suelen fantasear con situaciones en que podrían haber salvado a sus seres queridos, pero no lo hicieron. Estas fantasías dan lugar a un fuerte sentimiento de culpa, pero al mismo tiempo tienen una importante función de protección de la estima personal y la autodeterminación. Los sentimientos de culpa pueden servir para ayudar a superar mejor las retraumatizaciones; especialmente en el caso de los niños, es más fácil lograr que se expresen a través de dibujos. Huelga decir que se debe evaluar la profundidad de esos sentimientos: un sentimiento de culpa excesivo genera una depresión y un TEPT, que requieren un tratamiento adecuado [24].

Diferencias en el modo de guardar luto
Licencia por luto

La aceptación de la aflicción como un proceso normal tras la muerte difiere de manera significativa de una cultura a otra. En muchas culturas de Europa occidental, no se acepta que el duelo abarque un período prolongado. Por ejemplo, en Finlandia y en Dinamarca sólo se concede un día de licencia por duelo tras la muerte de un familiar cercano. En Grecia, el período de luto es de una semana y, en Israel, de cuarenta días. En este país, no se deja sola a la persona en duelo, sino que se la acompaña durante todo el período del luto. En algunas partes de Ghana, la persona que ha perdido a un allegado es acompañada por un amigo cercano o un pariente quienes atan, literalmente, un lazo entre ellos. El acompañante sigue a la persona en duelo adonde ésta vaya [25]. Las maneras en que se aborda la muerte en las culturas no occidentales incluyen muchos elementos destinados a reconfortar a los parientes y amigos cercanos. En los países occidentales, los acontecimientos que rodean a la muerte y la agonía suelen suprimirse, y las personas ancianas y enfermas son dejadas al cuidado de profesionales en instituciones, y no de sus familiares [26].

Ritos funerarios en diferentes culturas

Los ritos funerarios permiten a los individuos reaccionar ante la pérdida y la muerte de un allegado. En todas las culturas, tras el fallecimiento de una persona, se realizan ceremonias tanto para los fallecidos como para sus deudos. Los ritos ayudan a la persona en duelo a entender que la vida debe continuar, así como a reintegrarse en la sociedad [27]. Una de las principales funciones de los funerales, en cualquier cultura, es reconocer en una ceremonia pública la vida y los logros de la persona fallecida, honrarla y recordar sus mejores aspectos en vida, antes de enviarla al mundo espiritual en que crea la comunidad. Los niños deberían participar en los ritos que acompañan la muerte de un familiar, pues es una forma de ayudarles a entender lo que ha sucedido y a aceptar la muerte del ser querido. Asimismo, puede ser útil para ellos ver el cadáver del pariente fallecido. No obstante, deberían considerarse muchos factores, por ejemplo la edad del niño, la relación con el fallecido y las lesiones físicas que presenta el cadáver [28].

Los ritos difieren significativamente según las culturas. Por ejemplo, en la tradición budista, los funerales no son una ocasión para expresar lamentos, pues los budistas creen en la reencarnación. Comúnmente se utilizan símbolos de renacimiento, como el arroz. Por otro lado, puede ser particularmente difícil para los budistas aceptar la muerte violenta de sus parientes, pues se cree que es imposible que una persona tenga una buena reencarnación, si su mente está llena de pensamientos malignos como resultado de una muerte violenta [29].

Los fantasmas son característicos del duelo en muchas culturas. Los fantasmas y los espíritus suelen ser el medio a través del cual los muertos pueden comunicarse con los vivos o pedir a éstos que se reúnan con ellos. No es inusual que una persona en duelo se sienta poseída por espíritus, oiga las voces de sus antepasados y sienta que está siendo castigada por haber sobrevivido. En Zimbabue, los espíritus de los antepasados cumplen un papel fundamental en la vida de muchas familias, pues las guían y orientan. Para que un espíritu de los antepasados pueda realizar esta tarea, la persona fallecida debe ser objeto de honras fúnebres y un rito tradicional especial. Un espíritu que no ha sido honrado no tiene reposo ni calma, y lleva mala suerte a la familia y a toda la comunidad [30]. Por ello, el terapeuta que no conoce las influencias culturales puede malinterpretar los signos normales del duelo [31].

Duelo en tiempo de guerra, violencia política o represión estatal

El terror colectivo implica, para una población, compartir una negación: saber lo que no se debe saber. Las emociones se suprimen y reprimen [32]. Sabemos, por el centro de rehabilitación en Aceh, Indonesia, que los cadáveres de personas muertas durante violentos enfrentamientos habían sido recogidos en la oscuridad por otros individuos, con la esperanza de que nadie los viera. En Zimbabue, los funerales de personas muertas en tiempo de disturbios políticos suelen realizarse en secreto, y sólo algunos familiares asisten a la ceremonia. En los funerales tradicionales normales, en cambio, participaría toda la familia y la comunidad [33]. Un estudio controlado en Honduras mostró que las familias de personas desaparecidas presentan el doble de síntomas de estrés que las familias donde nadie ha muerto en los diez años previos y las familias que han perdido a uno de sus allegados en un accidente. El ambiente de miedo y aislamiento en que viven los familiares de personas desaparecidas puede ser un factor importante [34]. Un grupo de trabajadores de la salud mental que presta servicio en Guatemala en favor de niños cuyo padre ha muerto en ataques terroristas observó que, a menudo, éstos están aislados de la comunidad, porque sus padres son considerados como "el enemigo". Mencionan que los conceptos médicos occidentales tradicionales, que describen algunos síntomas y patrones comportamentales como prueba de "trastorno por estrés postraumático" no logran explicar el trauma a que estos niños han sobrevivido y que siguen experimentando [35].

Problemas especiales en el caso de los refugiados

El duelo y los preparativos para un entierro suelen resultar problemáticos en el caso de los refugiados. Muchos de ellos tienen parientes que han sido ejecutados y enterrados en fosas comunes, sin funeral ni cremación. En numerosos países africanos, los deudos tradicionalmente entierran a sus muertos cerca de la casa familiar, y en algunas culturas, es importante que los cadáveres sean devueltos a su tierra natal para el entierro [36].

Cuando los ritos funerarios no se realizan de manera adecuada, es posible que se genere un duelo crónico y que aparezcan síntomas clínicos de TPET. Las personas pueden tener pensamientos intrusivos y, a veces, sentir que las visitan fuerzas sobrenaturales, sea durante el sueño, sea en vigilia. Sienten que los espíritus de sus familiares fallecidos las visitan. Refugiados mozambiqueños contaron que cuando una persona "ha muerto perturbada, su espíritu queda perturbado". Un espíritu debería ser objeto de un entierro adecuado, seguido de una ceremonia, dado que la pérdida de un familiar puede originar problemas psicológicos, como una intensa culpa de sobreviviente [37]. Si no se reconocen estos síntomas como aspectos culturales del luto, se puede concluir, erróneamente, que estos refugiados sufren trastornos psicológicos [38].

Se debería alentar a las comunidades de refugiados a reestablecer las instituciones tradicionales, como los lugares para rendir culto a los muertos. Éstos pueden ser lugares en los que las personas en duelo pueden comunicarse de manera adecuada con las personas fallecidas y resolver las cuestiones de culpa. Los grupos de inmigrantes suelen disponer de sociedades o comités para entierros, que organizan entre los miembros la movilización de recursos para destinar a funerales [39]. A fin de lograr una recuperación adecuada después de una pérdida o un trauma, es fundamental saber cuáles son los sistemas simbólicos, las creencias culturales y los ritos de curación aceptados tanto en la cultura de origen como en la sociedad anfitriona [40].

Duelo comunitario

El propósito de las ceremonias tradicionales no es sólo elaborar el duelo individual. La destrucción de los valores comunitarios se vive de manera diferente en culturas donde las personas se consideran, ante todo, miembros de una comunidad, y no individuos separados, a la manera occidental. Brindar asistencia en el plano individual puede no tener ninguna utilidad si la persona vuelve a una comunidad local que está en estado de duelo colectivo. Por ejemplo, en Zimbabue, la familia de una víctima exhumada expresó con vehemencia que no sólo sus miembros, sino los de toda la comunidad habían sido ofendidos por el asesinato de su familiar y que, por lo tanto, la comunidad también necesitaba ser incluida en el proceso de duelo y recibir una curación adecuada [41]. El duelo comunitario contribuye a que las personas en duelo se reincorporen en su comunidad social y satisfagan su necesidad de recibir un apoyo social adecuado [42].

Revelación de la información
El significado de revelar la información

La desaparición de un pariente es una pérdida que no puede llorarse adecuadamente. El hecho de no poder realizar un funeral es traumatizante tanto en casos de desapariciones como en el de personas que han sido asesinadas brutalmente [43]. Los familiares sólo pueden iniciar el proceso de duelo normal cuando han recibido la partida de defunción. Tienen derecho a saber lo que ha acontecido a la persona desaparecida. Sin embargo, la verdad suele ser horrorosa, especialmente si hay pruebas de que la persona ha sufrido. Se debe prestar un cuidado particular a la manera en que se revelará la verdad. Lamentablemente, las circunstancias, por lo general, están lejos de ser ideales y, por diversas razones económicas y políticas, no es posible prestar la asistencia adecuada. En tiempo de violencia organizada y de represión política, los asesinatos están rodeados de secreto, silencio y miedo.

Idealmente, la situación de la familia y el contexto cultural, religioso y social deberían evaluarse en detalle, antes de revelar información sobre una muerte. Los familiares deberían recibir toda la información relativa a la muerte de su pariente. La mejor manera es dar la mayor cantidad posible de detalles concretos [44]. Se debería elegir cuidadosamente a la persona que estaría a cargo de revelar la información, por ejemplo un funcionario que haya sido formado para esta tarea, como un asesor. La manera más adecuada sería brindar la información en un lugar donde los familiares se sientan seguros. Debería informarse, en primer lugar, a los parientes adultos más cercanos, y darles el tiempo de reaccionar. Los funcionarios también deberían informar a los niños, porque en general los adultos tienden a ocultarles la verdad para protegerlos [45].

Los niños necesitan atención especial. Se les debería explicar lo que ha sucedido y deberían participar en el proceso de duelo que sigue a la muerte o la desaparición de un pariente. Si tratamos de que los niños olviden la cuestión, sólo les estamos haciendo un daño. Olvidar no es la solución [46]. Ocultar la verdad a los niños puede tener graves consecuencias en el futuro [47]. Es importante que los niños sepan lo que ha ocurrido a sus parientes, además de cómo y por qué, sobre todo porque los niños mismos harán preguntas al respecto [48]. Una persona que ha experimentado acontecimientos traumáticos de niño y que no los ha solventado puede reaccionar muy fuertemente, incluso muchos años después, cuando le suceda algo menos traumático. Se ha observado, asimismo, que una persona puede crear una respuesta traumática por una pérdida anterior y no resuelta, exactamente cuando alcanza la misma edad que la persona que ha fallecido [49].

Sabemos, según información proveniente de centros de rehabilitación en América Latina, que algunos hijos de personas desaparecidas buscan apoyo psicológico por primera vez, cuando han alcanzado la edad del progenitor desaparecido [50].

Ejemplos recientes en Argentina muestran que la revelación de la verdad puede llegar a ser muy complicada. Entre 1976 y 1983, arrebataron los hijos a mujeres que dieron a luz en centros de detención secretos. Algunos de ellos fueron entregados a parejas sin hijos, vinculadas con las fuerzas armadas o la policía, para que los criaran como si fueran suyos. Los familiares se esforzaron por encontrar a estos niños e identificarlos con el propósito de restablecer su identidad personal y familiar. Aunque el bienestar y el interés de los niños han sido considerados prioritarios en el curso de este proceso, no cabe duda de que el hecho de comunicarles que los únicos padres que hasta el momento han conocido no son sus verdaderos padres les provocará un trauma psicológico. Pero hay casos peores: cuando, por ejemplo, se debe comunicar a un niño que los padres adoptivos podrían haber sabido del asesinato de sus padres biológicos, o haber incluso participado en él.


Riesgo de sufrir retraumatización y cómo reducirlo

El hecho de revelar información concreta sobre lo que ha acontecido a un pariente desaparecido, como mostrar fotografías del cadáver de la persona fallecida, siempre implica un riesgo de retraumatización. Así, se ha planteado con frecuencia la pregunta de si es beneficioso que la familia vea los restos de sus seres queridos, en particular cuando hay pruebas de que han sufrido, por ejemplo de que han sido torturados. No obstante, se ha hallado que el hecho de mostrar los restos de la víctima favorece un proceso de duelo normal [52]. Los siguientes puntos deberían considerarse antes de proponer mostrar los restos mortales:

Preguntar: se debería preguntar a los familiares si desean ver el cadáver y se les debería informar acerca del riesgo de retraumatización. Para algunas personas, podría ser una experiencia difícil de soportar.
Preparar: antes de dar a los familiares la oportunidad de ver el cadáver, se les debería informar acerca de las condiciones en que éste se encuentra, por ejemplo si está mutilado o si presenta heridas de gravedad. Esa información debería comunicarse después de una minuciosa preparación de los familiares.
Apoyar: se debe prestar apoyo psicosocial antes, durante y después de revelar la información.
Ofrecer tratamiento: se debe seguir de cerca la situación de los familiares para evaluar cómo sobrellevan la noticia. En caso de retraumatización, se debería ofrecer un tratamiento psicológico. En función de las posibilidades, el tratamiento debería ser, en primer lugar, individual y, luego, si la persona lo desea, grupal. Al formar los grupos, es importante asegurarse de que los participantes hayan tenido experiencias similares. También es útil que se encuentren en diferentes etapas del proceso de duelo [53.

Exhumaciones

En el mundo, existen muchos grupos especializados en el ámbito de exhumación, identificación e investigación de la causa de la muerte y de los medios con que se dio muerte a individuos enterrados junto a otros cadáveres o individualmente en tumbas no señaladas. Mediante la exhumación, se puede obtener información acerca de lo que ha acontecido a víctimas de ejecuciones extrajudiciales, pues los cadáveres pueden contener pruebas objetivas y científicas de los crímenes cometidos. A través de la documentación forense, se puede responsabilizar a los Gobiernos. El conocimiento de estos hechos puede prevenir futuros crímenes.

Una razón importante para realizar exhumaciones es que pueden ser fuente de información, para los familiares, sobre la suerte que han corrido sus parientes desaparecidos. Pueden, además, permitir que los familiares rindan honor a la persona fallecida según las modalidades correspondientes a su cultura [54]. Por ejemplo, en Guatemala, la razón principal por la que las comunidades solicitan una exhumación es para encontrar los restos mortales de sus familiares desaparecidos. Rara vez las personas desean enjuiciar a los responsables, sea por temor, ya que por lo general viven en la misma comunidad que el autor del crimen, sea por desconfianza respecto de un sistema jurídico en que los ex militares aún tienen poder, sea por limitaciones económicas [55]. En 1988, cuando se exhumó una fosa clandestina en un pequeño poblado guatemalteco, el miedo fue tan intenso que ningún familiar fue a identificar los restos mortales [56].

El proceso de exhumación puede retraumatizar a los parientes o a los miembros de la comunidad. Por ello, cuando se efectúa una exhumación, es fundamental prestar apoyo en salud mental tanto individual como colectivamente. Se deberían tomar en cuenta todos los puntos arriba mencionados sobre cómo reducir en lo posible los riesgos de retraumatización, ofreciendo la posibilidad de ver los restos del ser querido. Dicho apoyo es necesario antes, durante y después de la exhumación.
Antes: el equipo debería visitar la comunidad y dar a los familiares la oportunidad de contar su historia. Se les debe explicar por qué se realiza la exhumación, cómo se procede, de qué modo se identifican los huesos, etc.
Durante: el hecho de ver los restos mortales del ser querido con signos de que ha sufrido puede provocar reacciones emocionales graves. El equipo de salud mental debería estar allí para apoyar a los familiares, hablar con ellos, ayudarlos a recordar y dignificar lo que en vida hizo la víctima, sus cualidades, etc.
Después: se necesita ayuda para prevenir los posibles conflictos que pueda haber en la zona entre las víctimas y los presuntos autores del crimen. Se puede ofrecer ayuda para la planificación de los funerales, las ceremonias conmemorativas, las ceremonias religiosas, así como para tratar de hallar una orientación hacia el futuro [57].

Aunque las exhumaciones pueden cumplir una función importante durante el proceso de elaboración del duelo por parte de los familiares, también implican peligros potenciales. El hecho de ver los restos mortales de un ser querido obliga a los familiares a aceptar la realidad de la muerte. Pueden pensar que están preparados para ello, pero por lo general no lo están. Huelga decir que el proceso es especialmente doloroso cuando hay evidencias de que la persona ha sufrido antes de morir. El hallazgo de una fosa vacía también puede ser muy angustiante para una familia que se ha preparado para poder, por fin, enterrar los restos mortales del allegado [58].

De acuerdo con el Manual para la prevención efectiva y la investigación de ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias y sumarias [59], se debe remitir a los familiares y a sus representantes legales toda información pertinente para la investigación. Se recomienda, asimismo, que los familiares y las personas cuyo sustento estaba a cargo de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias y sumarias tengan la posibilidad de recibir una compensación justa y adecuada en un período de tiempo razonable.

Reparación

El relator especial de las Naciones Unidas sobre la cuestión de la tortura afirma que:
"...todo acto de desaparición forzada causa a la víctima graves sufrimientos, lo mismo que a su familia [...] En la definición de trabajo de "desaparición" se hace referencia también a la negativa a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a reconocer que están privadas de la libertad. Se trata de un acto intencional que afecta directamente a los familiares cercanos. [...] Los funcionarios públicos, perfectamente conscientes de que sumen a la familia en la incertidumbre, el temor y la angustia con respecto a la suerte de sus seres queridos, mienten maliciosamente a esos familiares para castigarlos o intimidarlos a ellos y a otros" [60].

En esta declaración, el relator especial reconoce que el sufrimiento que se inflige a los familiares de una persona desaparecida puede equipararse a la tortura, violación grave de los derechos humanos. Con arreglo al derecho internacional [61], las víctimas de violaciones de los derechos humanos están autorizadas a recibir una compensación por sus pérdidas y sufrimiento [62]. No obstante, sabemos muy poco acerca de las necesidades de los sobrevivientes a violaciones de los derechos humanos. La ONG "Redress" ha iniciado un programa de investigación relativo a las opiniones de sobrevivientes a la tortura y de sus familiares acerca de la reparación: qué opinan al respecto, qué expectativas tienen de obtenerlas, qué necesitan [63].

El profesor van Boven ha elaborado un conjunto de principios básicos y directrices para las Naciones Unidas relativas a las reparaciones destinadas a las víctimas de violaciones graves de los derechos humanos [64]. Lamentablemente, no muchas familias de personas desaparecidas reciben reparación. Numerosas víctimas y parientes tropiezan con dificultades al solicitarla, y el trámite en sí puede transformarse en una experiencia traumática [65]. Es prácticamente imposible restaurar la situación previa a la desaparición del familiar. Incluso cuando ya han transcurrido años de gobierno democrático, las personas deben luchar para lograr reconocimiento y justicia. En ocasiones, las compensaciones han sido rechazadas porque se las ha considerado "dinero ensangrentado" [66]. Por otra parte, las compensaciones pueden tener una importancia que trasciende su valor material. Pueden significar un reconocimiento del hecho de que se han causado perjuicios graves [67]. Sin embargo, la reparación significa más que la compensación. Por experiencias en los Centros de Rehabilitación con los que el Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de la Tortura (IRCT) colabora, sabemos que, a veces, las personas llegan a pedir apoyo psicológico muchos años después de la desaparición de un familiar. En numerosos países, es difícil movilizar recursos para prestar este apoyo.

La revelación de la verdad es necesaria para obtener justicia y reconciliación, pero, como ha señalado REDRESS, la verdad hace justicia a las personas que han sido victimizadas, pero no en lo que respecta a los responsables [68]. La impunidad tras la comisión de violaciones graves de los derechos humanos puede tener diversas e importantes consecuencias tanto sociales como psicológicas. Aceptar que actos criminales graves no den lugar a un proceso judicial significa negar los hechos. No se reconoce pública u oficialmente lo que ha sucedido, por lo que no se brinda satisfacción ni garantías de que esos hechos no se repetirán. Así se crea una situación en la que se viola el sentido de justicia [69]. La impunidad puede generar un intenso sentimiento de falta de control e impotencia en las personas. Además, puede alterar las relaciones humanas y suscitar temor, así como falta de seguridad y desconfianza entre las personas [70]. Una madre reveló que alguien se le acercó cuando estaba en una ceremonia de conmemoración en honor de las personas desaparecidas, casi treinta años después de que su hijo había desaparecido, y le dijo: "Su hijo tuvo lo que merecía" [71].

Conclusión
Por lo general, los familiares de personas desaparecidas pasan años buscando a sus seres queridos, al tiempo que deben hacer frente a problemas económicos, jurídicas y sociales. La desaparición de un allegado constituye una pérdida que no puede llorarse adecuadamente. La imposibilidad de realizar una ceremonia culturalmente adecuada para el último adios es traumática y puede complicar el proceso normal de duelo. Si bien esas ceremonias son muy diferentes en cada cultura, tienen un significado similar: reconocer la vida y los logros de la persona fallecida. Los ritos funerarios son un paso fundamental para afrontar una pérdida. Es importante comprenderlos y apoyarlos cuando se trata de familiares de personas desaparecidas. Aceptar la importancia de estos ritos puede reducir el riesgo de que, por ejemplo, se considere que los refugiados sufren de problemas mentales graves.

Antes de proporcionar información sobre las personas desaparecidas, se debería preparar cuidadosamente a los parientes; en la medida de lo posible, la información les debería ser comunicada por un funcionario especialmente capacitado. Se debería evaluar en detalle el contexto cultural, religioso y social antes de revelar la información. Una partida oficial de defunción puede permitir que los familiares inicien el proceso normal de duelo. En cambio, la oportunidad de ver los restos mortales puede implicar un alto riesgo de retraumatización.

El ambiente de temor y aislamiento en que viven los familiares de personas desaparecidas probablemente sea una de las razones por las que se sabe tan poco, hasta ahora, acerca de sus problemas y necesidades. A pesar de que los familiares de personas desaparecidas tienen derecho a recibir reparación, en la práctica ello no ha ocurrido, debido a muchas dificultades, como la falta de voluntad política y de ayuda jurídica para hacerlo, y el posible trauma que implicaría el hecho de solicitar la reparación.

Las desapariciones forzosas afectan a los individuos, las familias y la comunidad en su conjunto. A fin de prevenirlas y de prestar apoyo a los familiares, es necesario comprender cabalmente esta compleja cuestión. Es fundamental que esa comprensión del problema se promueva y se refrende en el derecho internacional y los ordenamientos jurídicos nacionales, así como en las orientaciones relativas a las personas desaparecidas.

Margriet Blaauw es psicóloga, titular de una Maestría en Salud Internacional, Virpi Lähteenmäki, y una Maestría en Derechos Humanos, Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura (IRCT), Dinamarca.



Notas
[1] N. Sveaas, "The psychological effects of impunity", en N. Lavik, N. Sveaas y E. Fannemel (eds.), Pain and Survival: Human Rights Violations and Mental Health, Scandinavian University Press, 1994.
[2] C. Jimenez, International Standards: Fighting Involuntary Disappearance, informe presentado por la Asociación para la Prevención de la Tortura (APT) durante la "Reunión de juristas asiáticos y latinoamericanos sobre desapariciones involuntarias: entre la memoria y la impunidad", auspiciada por la Federación Asiática contra las Desapariciones Involuntarias (AFAD), Yakarta, 27 de noviembre – 2 de diciembre de 2000.
[3] Definición de "desaparición forzada de personas" de conformidad con el artículo 7 (crímenes de lesa humanidad) del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, 17 de julio de 1998: "la aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido de la negativa a informar sobre la privación de libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado".
[4] M. Horowitz et al., "Diagnostic criteria for complicated grief disorder", The American Journal of Psychiatry, julio de 1997.
[5] Sveaas, op.cit. (nota 1).
[6] T. Joop de Jong, "Public mental health, traumatic stress and human rights violations in low-income countries: A culturally appropriate model in times of conflict, disaster and peace, in Joop de Jong (ed.), Trauma, War and Violence: Public Mental Health in Socio-Cultural Context, Kluwer Academic, 2002, p.1.
[7] Sveaas, op.cit. (nota 1); E. Lindemann, "Symptomatology and management of acute grief", in J. Mardi Horowitz (ed.), Essential Papers on Post-traumatic Stress Disorder, New York University Press, 1999, pp. 136-148.
[8] J. Boehnlein, "Clinical relevance of grief and mourning among Cambodian refugees", Soc. Sci. Med., vol. 25, n° 7, 1987, pp. 765-772.
[9] K. Anasarias y B. Escalante, "Healing traumatic wounds of war", Balitang Balay, vol. 9, n°s 2-3, 2001.
[1/0] M. Eisenbruch, "The cultural bereavement interview: A new clinical research approach for refugees", The Psychiatric Clinics of North America, vol. 13, n° 4, 1990.
[11] Cita de Shari Eppel, Amani Trust Zimbabwe, "Healing the dead to transform the living: Exhumation and reburial in Zimbabwe", Regional and Human Rights´Contexts and DNA, Universidad de California, Berkeley, 26-27 de abril de 2001.
[12] Genocide in Iraq: The Anfal Campaign Against the Kurds. A Middle East Watch Report, Human Rights Watch, Nueva York, 1993, p. 337.
[13] Ibid., pp. 136-273.
[14] M. Horowitz, "A model of mourning: Change in schemas of self and other", in M. Horowitz (ed.), Essential Papers on Post-Traumatic Stress Disorder, New York University Press, 1999, pp. 252-273.
[15] D. Becvar, In the presence of grief: Helping family members resolve death, dying and bereavement issues, The Guildford Press, Londres, p. 39.
[16] Boehlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772; D. Becker et al., "Therapy with victims of political repression in Chile: The challenge of social repatriation", Journal of Social Issues, vol. 46, n° 3, 1990, pp. 133-149.
[17] Human Rights Watch, op.cit. (nota 12), p. 337.
[18] ACNUR, "Background paper on Iraqi refugees and asylum seekers", Centro de Documentación sobre Refugiados del ACNUR, Ginebra, noviembre de 1994.
[19] Becker et al., op.cit. (nota 16), pp. 133-149.
[20] Los criterios para diagnosticar el trastorno por estrés postraumático (TEPT) son: 1) exposición a un acontecimiento extremo, fuera de las experiencias humanas normales; 2) reexperimentación persistente del acontecimiento traumático; 3) evitación persistente de estímulos asociados a la experiencia traumática y embotamiento de la reactividad general del individuo; y 4) síntomas persistentes de aumento del estado de alerta. Al menos dos de los síntomas siguientes: dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad, ataques de ira, problemas de concentración o hipervigilancia. Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Protocolo de Estambul, remitido al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 9 de agosto de 1999.
[21] Boehnlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772; Entrevistas de Libby Tata Arcel con sobrevivientes de la guerra entre Bosnia y Croacia, datos no publicados, IRCT Dinamarca (de aquí en adelante, entrevistas del IRCT); G. Quirk y L. Casco, "Stress disorders of families of the disappeared: A controlled study in Honduras", Soc. Sci. Med., vol. 39, n° 12, 1994, pp. 1675-1679.
[22] Boehnlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772.
[23] M. Horowitz et al., op.cit. (nota 4); H. Prigerson et al., "Complicated grief and bereavement-related depression as distinct disorders: Preliminary empirical validation in elderly bereaved spouses", The American Journal of Psychiatry, 1995.
[24] Entrevistas del IRCT, op.cit. (nota 21).
[25] B. Kunfah, presentación oral para el Programa de Maestría en Salud Internacional del año 2000, Universidad de Copenhagen, Dinamarca.
[26] B. Harrel-Bond y K. Wilson, "Dealing with dying: Some anthropological reflections on the need for assistance by refugee relief programmes for bereavement and burial", Journal for Refugee Studies, vol. 3, 1990, pp. 228-243.
[27] Boehnlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-777.
[28] A. Dyregrov, "Telling the truth or hiding the fact: An evaluation of current strategies for assisting children following adverse events", ACCP Occasional Papers: Child Mental Health in Europe, n°17, 2001.
[29] Boehnlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772.
[30] Eppel, op.cit. (nota 11).
[31] Eisenbruch, op.cit. (nota 10).
[32] J. Zur, "The psychological impact of impunity", Anthropology Today, vol.10, n° 3, junio de 1994.
[33] Eppel, op.cit. (nota 11).
[34] Quirk y Casco, op.cit. (nota 22), pp. 1675-1679.
[35] B. Lykes y M. Terror, "Silencing and children: International multidisciplinary collaboration with Guatemalan Maya communities", Soc.Sci.Med., vol. 38, n° 4, 1994, pp. 543-552.
[36] Harrel-Bond y Wilson, op.cit. (nota 27), pp. 228-243.
[37] Ibid.
[38] M. Eisenbruch, "Toward a culturally sensitive DSM: Cultural bereavement in Cambodian refugees and the traditional healer as a taxonomis", The Journal of Nervous and Mental Disease, vol. 180, n° 1, 1992.
[39] Harrel-Bond y Wilson, op.cit. (nota 27), pp. 228-243.
[40] Boehlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772.
[41] Eppel, op.cit. (nota 11).
[42] Eisenbruch, op.cit. (nota 10).
[43] Minugua, Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala. Procedimiento de Exhumación en Guatemala (1997-2000).
[44] Dyregrov, op.cit. (nota 29).
[45] Entrevistas del IRCT, (nota 21), "Early intervention: A family perspective", Advances in Mind-Body Medicine, n° 17, 2001, p.170.
[46] Lykes y Terror, op.cit. (nota 36), pp. 543-552.
[47] Dyregrov, op.cit. (nota 29), pp. 28-29.
[48] Lykes y Terror, op.cit. (nota 36), pp. 543-552.
[49] Lindemann, op.cit. (nota 7), pp. 136-273.
[50] Comunicaciones personales a M. Blaauw durante su visita al Cono Sur de América Latina en marzo de 2001 y marzo de 2002.
[51] V. Penchaszadeh, "Genetic identification of children of the disappeared in Argentina", Journal of the American Medical Women´s Association, vol. 52, n° 1, 1997.
[52] Dyregrov, op.cit. (nota 29), pp. 31-32.
[53] Entrevistas del IRCT, op.cit. (nota 21).
[54] Unquiet Graves: The Search for the Disappeared in Iraqi Kurdistan, Human Rights Watch y Physicians for Human Rights, 1992, p.3.
[55] Minugua, Misión de Verificación, op.cit. (nota 43).
[56] Zur, op.cit. (nota 33).
[57] Minugua, Misión de Verificación, op.cit. (nota 44).
[58] Eppel, op.cit. (nota 11).
[59] Manual de las Naciones Unidas sobre la prevención efectiva y la investigación de ejecuciones extrajudiciales, arbitrarias y sumarias, Naciones Unidas, Nueva York, 1991.
[60] Informe del Relator Especial sobre la cuestión de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Doc. ONU A/56/156, 3 de julio de 2001.
[61] Artículo 8 de la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Res. AG 217 A (III), 10 de diciembre de 1948.
[62] S. Cullinan, "Torture survivors' perceptions of reparation: Preliminary survey", The Redress Trust, 2001, p.12.
[63] Ibid., p.77.
[64] "La administración de justicia y los derechos humanos de los detenidos. Serie revisada de principios y directrices sobre el derecho de las víctimas de violaciones graves a los derechos humanos y al derecho humanitario a obtener reparación", preparada por el señor. Theo van Boven de conformidad con la decisión 1995/117 de la Subcomisión, Doc.ONU E/CN.4/Sub.2/1996/17, 24 de mayo de 1996. Allí se describen cuatro formas principales de reparación: restitución: para restablecer la situación existente antes de la violación de derechos humanos o del derecho humanitario; compensación: se acordará por todo perjuicio evaluable económicamente que resulte como consecuencia del acto ilícito; rehabilitación: incluirá atención médica y psicológica, así como otros servicios y cuidados, a fin de que la víctima recupere su dignidad y reputación; satisfacción y garantías de no repetición: incluirán verificación de los hechos y difusión pública amplia de la verdad, una declaración oficial relativa a la ilicitud del acto cometido, una disculpa, sanciones judiciales o administrativas a los responsables, conmemoraciones y prevención de nuevas violaciones por medio de medidas judiciales y administrativas.
[65] Cullinan, op.cit. (nota 63), p. 55.
[66] Ibid., p. 15.
[67] N. Sveaas y N. Lavik, "Psychological aspects of human rights violations: The importance of justice and reconciliation", Nordic Journal of International Law, vol. 69, n° 200, pp. 35-52, p. 50.
[68] Ibid., p.17.
[69] Ibid.
[70] Ibid.
[71] Comunicación personal de la madre de una persona desaparecida a M. Blaauw durante una visita al Cono Sur de América Latina, marzo de 2001.


Foro por la Memoria / asociacion.foroporlamemoria@yahoo.es / www.foroporlamemoria.es
© Todos los derechos reservados. 2006 - Foro por la Memoria
Resolución mínima recomendada de 800x600 px.